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LA BIBLIA


Al encontrarme con tus palabras, yo las devoraba; ellas eran mi gozo y la alegría de mi corazón... Jeremías 15:16

¡TODO LO FILTRAMOS CON LAS ESCRITURAS!


No somos "bibliólatras", como algunos nos han acusado. Y jamás declararíamos que la Biblia está por encima de nuestro Señor.


Pero es que si quitamos la Biblia, ¿entonces como conoceríamos a Dios? ¿por las opiniones o interpretaciones personales? ¿por la experiencia? ¿por la tradición? ¡todo eso sería peligroso! Por eso la Biblia es importante; porque si queremos saber de Cristo, o conocer el evangelio, o el diseño de Dios para la familia, o la iglesia, o el matrimonio, etc, podemos abrir el libro bendito y leer ahí lo que Dios nos dejó.


Los Escritos Bíblicos son inspirados, y por ello inerrantes y supremos; y ello nos permite confiar en su infalibilidad, es decir que ella no falla. La historia da fe de ello: Sus promesas y profecías se cumplen, sus preceptos y principios son perfectos y Dios respalda lo que está en ella.


La Biblia fue inspirada por Dios; eso significa que su aliento está en ella. El Espíritu de Dios habita en ella y desde ella obra en nosotros, para conducirnos a vivir la Palabra, enseñarnos sobre la Palabra y capacitarnos para hablar sobre ella. La inspiración implica que Dios obró a través de esos personajes humanos a quienes guió para que escribieran su Palabra.


Estamos seguros acerca de la inerrancia de la Biblia: ella, en su original, es perfecta y libre de errores. No así el lector. No así el transcriptor. No así el intérprete. No así la Iglesia. No así el teólogo, profesor, escritor o predicador favorito. Solo la Biblia.


La supremacía de Las Sagradas Escrituras significa que la Biblia es nuestra máxima autoridad. Ella está por encima de “credos”, “confesiones”, razonamientos, experiencia, consensos, y opiniones. ¡La Biblia es superior a todos y a todo ello!


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